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jueves, 18 de septiembre de 2014

Abdicación de Amadeo I y proclamación de la Primera República Española

La Gaceta de Madrid, actualmente conocida como Boletín Oficial del Estado, publicaba el miércoles 12 de febrero de 1873 la renuncia al Trono del rey de España don Amadeo I y la proclamación de la República (Primera República Española). El documento, más allá de su innegable valor histórico, es un dantesco diagnóstico de una sociedad incapaz, absolutamente incapaz, de entenderse en lo político. Una sociedad que no quiere interiorizar el concepto de "bien común".  Una sociedad que sólo sabe entenderse a través de la dialéctica del garrotazo, el navajazo y las descargas de fusilería.

Este hombre de buena voluntad, que fue Amadeo de Saboya bregó (sí, sí bregó, en su primera acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, 21ª edición: Luchar, reñir, forcejear unos con otros. Y en su tercera: Luchar con los riesgos y trabajos o dificultades para superarlos), con esta Nación durante poco más de veinticinco intensos meses. En febrero de 1873 no puede más y comunica su renuncia en los términos que reproducimos (con la ortografía de la época). Lean con atención, por favor.



Gaceta de Madrid de 12 de febrero de 1873



"AL CONGRESO.


Grande fué la honra que merecí á la Nación española eligiéndome para ocupar un Trono,  honra tanto más por mí apreciada, cuanto que se me ofrecía rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un  país tan hondamente perturbado.

Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que ántes busca que esquiva el peligro; decidido á inspirarme únicamente en el bien del país y á colocarme por cima de todos los partidos; resuelto á cumplir religiosamente el juramento por mi prestado ante las Córtes Constituyentes, y pronto á hacer todo linaje de sacrificios por dar á este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza á que su gloriosa historia y la virtud y la constancia de sus hijos le dan derecho, creí que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar seria suplida por la lealtad de mi carácter, y que hallaria poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban á mi vista en las simpatias de todos los españoles amantes de su patria, deseosos de poner ya término á las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas.

Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años largos há que ciño la Corona de España y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y ventura, que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entónces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con las palabras agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública es imposible atinar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla.

Nádie achacará á flaqueza de ánimo mi resolución. No habria peligro que me moviera á desceñirme la Corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles: ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta como yo el vivo deseo de que en su dia se indulte á los autores de aquel atentado.

Pero tengo hoy la firmísima conviccion de que serían estériles mis esfuerzos é irrealizables los propósitos.

Estas son, Sres. Diputados, las razones que me mueven á devolver á la Nación, y en su nombre á vosotros, la Corona que me ofreció el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores.

Estad seguro que al desprenderme de la Corona no me desprendo del amor á esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarla todo el bien que mi leal corazón para ella apetecía.=== AMADEO === Palacio de Madrid 11 de febrero de 1873."


Amadeo I renunció al Trono en plena Tercera Guerra Carlista (1872-1876) que, para quien no lo sepa, eran, las Guerras Carlistas, guerras civiles.

Descorazonado y rendido ante la impotencia que le provocaban los acontecimientos el rey no encontró más salida que la renuncia en los términos que he reproducido.

Esa misma jornada, sin pérdida de tiempo, la Asamblea Nacional acuerda:

"1º Que la Asamblea Nacional reasumiese todos los poderes, declarando como forma de Gobierno de la Nación la República y dejando á las Córtes Constituyentes la organización de esta forma de Gobierno."

Nace la Primera República Española.

Un saludo a todos/as.











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